De North Dakota a New York, el largo viaje de una Especialista en Relaciones Comunitarias

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En FEMA, mucho de nuestro trabajo consiste en servicio de atención al cliente y mi jefe, el Administrador Fugate, suele referirse a nuestros equipos de Relaciones Comunitarias como la cara de FEMA. Y con mucha razón, ya que estos son los equipos quienes literalmente se van a la calle para hablar con los sobrevivientes en sus hogares, apartamentos o en los refugios.

Los equipos de Relaciones Comunitarias también llevan a cabo la misión denominada AIR, que significa Avalúo, Información, y Reporte. Se encargan de reportar lo que ven en el campo, lo que permite que las oficinas de desastres estén al tanto de la situación. Esta información es crítica para poder establecer prioridades.

Los equipos de Relaciones Comunitarias siguen instrucciones del personal local para el manejo de emergencias y ofrecen sus servicios donde sean necesarios, dependiendo de las circunstancias. Pueden trabajar respondiendo a llamadas de sobrevivientes en la oficina local para el manejo de emergencias o con la Guardia Nacional para organizar artículos y provisiones, distribuir comida, agua y mantas a aquellos que las necesitan. Por supuesto, gran parte de su trabajo también consiste en asegurarse que todas las personas que fueron afectadas por el desastre se inscriban con FEMA.

New York, N.Y., 29 de noviembre de 2012 – La especialista en Relaciones Comunitarias Jean Riendeau ha trabajado con FEMA desde 1997, año en el que sobrevivió las inundaciones del Rio Rojo en North Dakota. Desde entonces, ha trabajado en más de 50 zonas de desastres, incluyendo New York tras el paso del huracán Sandy.

New York, N.Y., 29 de noviembre de 2012 – La especialista en Relaciones Comunitarias Jean Riendeau ha trabajado con FEMA desde 1997, año en el que sobrevivió las inundaciones del Rio Rojo en North Dakota. Desde entonces, ha trabajado en más de 50 zonas de desastres, incluyendo New York tras el paso del huracán Sandy.

El siguiente es un relato de Jean Riendeau, una veterana de nuestro programa de Relaciones Comunitarias, quien también fue una sobreviviente de desastre tras las inundaciones del Rio Rojo en North Dakota en el año 1997. Ella es una de más de 1,000 especialistas de Relaciones Comunitarias trabajando en New York.

Pasé la semana pasada trabajando en Coney Island y Brighton Beach como especialista en Relaciones Comunitarias, y a pesar de los años que llevo haciendo esto, todavía me emociono. Cuando esto ocurre, sigo los consejos de un mentor que tuve hace muchos años: “Llora en tu habitación de hotel por la noche, pero nunca frente a un sobreviviente.” No quiero que piensen que me inspiran lástima, sino que quiero darles fortaleza.

Sé cómo se siente perder todo en un desastre. Me uní a FEMA en 1997, el mismo año en el que tuve que desalojar mi hogar durante las inundaciones del Rio Rojo en Grand Forks, North Dakota. Para aquel entonces, era el desalojo más grande que había ocurrido en la historia del país; casi toda la ciudad de alrededor de 50,000 personas se habían visto obligados a evacuar el área.  Me fui a Fargo, donde pase 10 días durmiendo en un sofá en el apartamento de mi hijo.  Supongo que fue en ese momento que mis instintos por las relaciones comunitarias salieron al aire. Un amigo y yo encontramos un lugar cerca de una universidad donde los desalojados podrían reunirse. Instalamos computadores y la Cruz Roja y otras organizaciones se establecieron allí. No era un lugar para donaciones, sino un sitio donde las personas podían relacionarse y compartir información.

Desde entonces he trabajado en más de 50 zonas de desastre a través de todo el país, desde los incendios forestales en California a tornados en Kentucky y Missouri, a huracanes en Florida. Aprendí cuan resistentes las personas de New York pueden ser la última vez que estuve en el estado, tras los ataques terroristas del 11 de septiembre. Trabajé con casos de necesidades especiales en el muelle. Asistí a una mujer que acababa de salir del hospital y había sufrido quemaduras en más de 80 por ciento de su cuerpo. Me pidió que la empujara en su silla de ruedas hacia una pared donde había fotos de las personas desaparecidas. Ella apuntó a varios rostros diciendo “conozco a esa persona… conozco a aquella persona.” Quedé sumamente impresionada con su fortaleza. Estaba determinada a sobrepasar su trauma, y lo estaba haciendo teniendo conversaciones sobre su experiencia y lo que le ofrece el futuro.

En estos días, en Brooklyn, caminamos con linternas por pasillos oscuros, con cuidado de no tropezarnos con la basura que sacan los residentes que están confinados en sus hogares. La mayoría de estas personas son ancianas y han estado viviendo sin calefacción o electricidad. Necesitan comida, agua y medicinas. Nosotros nos aseguramos de informarle sobre la situación a nuestros contactos de FEMA y otros colaboradores para que estas personas reciban lo que necesitan. El hospital más cercano estaba fuera de servicio así que unidades de la American Medical Response y la Guardia Nacional trabajaron en conjunto para ofrecer chequeos de salud a la comunidad.

Una de las partes más difíciles de este trabajo es poder aguantar la frustración de los sobrevivientes: “¿Por qué la asistencia se demora tanto? ¡Por qué es tan lento!” He aprendido a no tomarlo como algo personal. Sé que estoy lidiando como personas que han sido despojados de su seguridad y en ocasiones hasta su subsistencia. Y yo soy la que está en frente de ellos con una camisa de FEMA.

Sé cómo se siente el trauma, la pérdida de seguridad, la sensación de impotencia y en ocasiones hasta la falta de esperanza. Para superar la perdida, sin embargo, hay que pasar por todas las etapas de duelo.

Tras la evacuación de Fargo, regresé a Grand Forks donde la electricidad era intermitente y había letrinas en todas las esquinas.  La vivienda de mi suegro estaba totalmente destruida; fue uno de los hogares que se vieron en las noticias. Le ayudamos a mudarse a un nuevo hogar, y tuvimos un remolque de FEMA en nuestra propiedad. Mi hija y nietos se mudaron a otra ciudad por un año, nuestro negocio cerró, y amigos fallecieron. Recibí asistencia de FEMA y un préstamo de la Asociación de Pequeños Negocios de Estados Unidos (SBA, por sus siglas en inglés) [durante desastres, SBA ofrece préstamos con bajos intereses para individuos y familias que han sido afectado por el desastre] y comencé a reconstruir mi vida. Por eso es que hago este trabajo.

Cuando les digo a las personas que las cosas “mejorarán,” me alegra y estoy muy agradecida de poder decir que hablo por experiencia.

Estado o región: Nueva York (en inglés)

Desastre relacionado: Huracán Sandy en Nueva York

Fecha de la última actualización: 
21/12/2012 - 12:00
Posted on Mar, 04/12/2012 - 16:31
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